El conflicto que cambió Bolivia

Un nuevo documental sobre la disputa por el TIPNIS explora la contradicción entre extractivismo y territorialidad indígena.

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Cartel del documental “Asfaltar Bolivia”. Fuente: alertamazonica.wordpress.com/

“Asfaltar Bolivia”—el último documental del activista catalán Marc Gavaldá, del colectivo Alerta Amazónica—es una historia sobre las contradicciones del desarrollo. “Asfaltar Bolivia” muestra las dificultades para escapar de imaginarios capitalistas y coloniales de modernización y progreso—y la importancia de seguir intentándolo, a pesar de todo.

En las últimas dos décadas, los pueblos indígenas de Bolivia han planteado la necesidad de repensar de manera radical la organización política del país y las relaciones entre sociedad y naturaleza.  Fueron las luchas sociales indígenas las que permitieron derrotar el neoliberalismo, ayudaron a Evo Morales a tomar el poder en 2006 y las que más activamente propusieron el paradigma del “estado plurinacional”, que llegó a incluirse en la Constitución en 2009.

El paradigma plurinacional apunta al reconocimiento de la multiplicidad de formas sociales, económicas, políticas, jurídicas y culturales que existen en el país—aunque con varios grados de articulación con el modelo capitalista, liberal y colonial vigente. Es una propuesta política extremadamente innovadora de autonomía indígena y pluralismo radical, dentro y alrededor del mismo estado. Es decir, para repensar el mismo estado como “un mundo donde quepan muchos mundos”, como dirían los zapatistas.

Pero Bolivia es también ejemplo de la gran capacidad del capitalismo y su episteme colonial para defenderse y reproducirse. En estos últimos diez años, desde la derrota del neoliberalismo en 2005, las propuestas para un estado plurinacional con autogobierno indígena no sólo han llegado a convertirse en un discurso hegemónico; también han sido progresivamente vaciadas de su potencial transformador y emancipador, mientras los movimientos que los defendían han sido aislados, marginalizados y reprimidos.

Este excelente documental se enfoca en el conflicto alrededor del TIPNIS (Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure), que se desarrolla a partir del 2011. La disputa por el TIPNIS fue un momento clave en Bolivia, en que la contradicción entre desarrollo extractivista y territorialidad indígena—ya latente en los primeros años de Evo—explota y se hace manifiesta e irreversible. A partir este conflicto, el discurso ambientalista, pachamamista y pro-indígena con que Evo Morales se presentaba al mundo se revela como una farsa.

La historia que nos cuenta el documental as aparentemente simple. El gobierno se plantea la construcción de una carretera para unir Villa Tunari, en el trópico de Cochabamba, con la región del Beni, en la Amazonía. La ruta de la carretera pasa por el corazón del TIPNIS, una reserva natural de altísima biodiversidad donde viven también más de 60 comunidades indígenas de los pueblos mojeño, chimane y yuracaré. Los indígenas se oponen a la construcción de la carretera por su posible impacto socio-ambiental y cultural. Pero la preocupación va más allá del impacto directo:  abrir un camino en el corazón de la selva implicaría el aumento de las presiones existentes por parte de  madereros y cocaleros y a la expansión de frontera petrolífera. Todo esto supondría la desaparición de las comunidades indígenas del TIPNIS y su lógica territorial.

Detrás de esta defensa del TIPNIS no está, pues, un conservacionismo estetizante de la naturaleza y la biodiversidad. Tampoco se puede reducir el conflicto a una mera defensa del acceso de comunidades a sus a medios de subsistencias—aunque esta sea una razón central. Lo que aparece como un clásico conflicto ambiental se convierte, en la coyuntura Boliviana, en un conflicto mucho más amplio entre el extractivismo y el plurinacionalismo como visiones opuestas e incompatibles.

Los intereses extractivistas para que se construya la carretera son muy evidentes. Por un lado, están los colonizadores, concentrados en el llamado “Polígono 7”, en el margen sur del TIPNIS. En su búsqueda de tierra para expandir la frontera agrícola, sobre todo para el cultivo de coca, los colonizadores defienden la propiedad individual de la tierra y tienen visión extractivista de la relación con la naturaleza—muy diferente de la territorialidad indígena.

Por otro lado, parte del TIPNIS también está concesionado para exploración petrolera. Según un estudio del CEDIB, la frontera de hidrocarburos en Bolivia creció siete veces entre 2007 y 2012, siendo las exportaciones de gas la principal fuente de ingresos del estado boliviano. Por el momento, la explotación en parte de la zona amazónica está parada por “estado de fuerza mayor”, por el alto riesgo de conflictos con comunidades. Sin embargo, hay mucha presión para que la frontera petrolífera se expanda en en esta zona. Además de la presión de inversores transnacionales, se teme que las reservas tradicionales de gas del Chaco, en el sureste del país, puedan agotarse en unos pocos años.

La construcción de la carretera facilitaría mucho la explotación de gas y la integración de los recursos de esta parte de la selva boliviana en el mercado mundial. No es casualidad que el proyecto fuera financiado inicialmente por el Banco de Desarrollo de Brasil, un país con creciente presencia política y económica en la región y con mucha influencia en Bolivia.

Caricatura sobre el TIPNIS. Fuente: bolivianthoughts.com
Caricatura sobre el TIPNIS. Fuente: bolivianthoughts.com

De la articulación a la represión

“Asfaltar Bolivia” narra otro importante aspecto del conflicto:  las estrategias discursivas y de represión adoptadas por el gobierno Morales en contra de los indígenas del TIPNIS. Por un lado, se identifica un discurso racista y colonial que representa a los indígenas de la selva como en estado de “pobreza extrema”, por no tener acceso a bienes materiales. Así, la carretera se presenta como una apertura de posibilidades de integración al “desarrollo” y al “progreso”.

Esta lógica colonialista se basa en promover lo que Marx llamaba “acumulación originaria”; es decir, separar las comunidades de sus medios de subsistencia y al mismo tiempo crear para ellas la necesidad de acceder a bienes de consumo que solo se pueden adquirir por medio del dinero. Así, los indígenas son forzados a convertirse en trabajadores asalariados o pequeños capitalistas.

Por otro lado, se destaca la represión legal y policial de las organizaciones y marchas indígenas. La “VIII Marcha por el Territorio y la Dignidad” en defensa del TIPNIS, en 2011, fue intervenida violentamente por la policía en la localidad de Chaparina. Fue el más duro enfrentamiento del estado en contra de pueblos indígenas, que sufrieron golpes, maltratos y detención ilegal.

Tras la intervención policial se crea, paradójicamente, un efecto de unión entre los pueblos y organizaciones indígenas del país. La marcha se convierte en un momento fundamental de reacción ciudadana frente a la agresión estatal al territorio del TIPNIS y sus defensores, atrayendo la solidaridad de otras organizaciones de la sociedad civil nacional e internacional.

Sin embargo, por desgracia, la represión no terminó ahí. Después de la exitosa marcha, el gobierno empieza a ver las organizaciones indígenas como una amenaza política y organiza su desmantelamiento. Se montan campañas difamatorias que definen a los dirigentes indígenas como agentes de la derecha y de Estados Unidos, y se invita a las organizaciones sociales que apoyan al gobierno a enfrentarse a ellas. Además, empieza un proceso de cooptación de parte del liderazgo de las organizaciones indígenas, que culmina con la expulsión de sus sedes y la creación por parte del gobierno de organizaciones paralelas a las dos principales centrales indígenas de Bolivia—la CIDOB y la Conamaq.

Esto marca el fin de las ambiciones plurinacionales del estado boliviano y el abandono de hecho del llamado “proceso de cambio”.

Este documental es, por tanto, una contribución muy importante y necesaria que nos ayuda a pensar el proceso boliviano y sus contradicciones. Nos cuenta de cómo la hegemonía capitalista, desarrollista y extractivista en Bolivia se ha reproducido a costa de los movimientos sociales emancipadores que trataban de desafiarlas; y de cómo los protagonistas de una articulación hegemónica de fuerzas anti-imperialistas y anti-neoliberales se han convertido en agentes de desarticulación y represión política y social en defensa del desarrollo y del mito del “progreso”.

 El documental Asfaltar Bolivia es de acceso libre y se puede ver aquí

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